Interesante parecía desde un inicio, y al final lo fue. El salón de clases quizá no fue el
mejor escenario para la talla de un editor como él; sin embargo, eso quedó en
el olvido. Justo a las 7:00 horas apareció, con una facha casual, sus
inseparables lentes y un suéter negro, por aquello del intenso frío.
Nosotros, como alumnos, tratamos de hacer que en la Facultad de Ciencias Políticas y
Sociales se sintiera como en casa. Al final sólo él sabe si lo logramos. Después
de que el profesor Juan Carlos Rangel se encargara de presentarlo, las palabras
de Camilo Ayala fueron creando una atmosfera en donde era imposible perder la
atención.
De entrada, el creador del Centro de Información Libros UNAM, actualmente
administrado por la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial, se
encargó de remontarnos a épocas pasadas para poder emitir, de manera más
profunda y justificada, un juicio que permitiera abrirnos más el panorama acerca
de la historia de la imprenta y producción de libros.
Durante los poco más de 90 minutos en los que tuvo la oportunidad de compartir sus
ideas y conocimientos, nos hizo darnos cuenta que la UNAM, por su gran producción
y creación de libros, puede compararse con la Industria Nacional en cuanto a la
cantidad de productos terminados.
La precisión, propia de un editor, escritor y corrector como él, justificó, por
mucho, las opiniones que le parecían apropiadas para los problemas actuales de
la lectura de libros. La consigna de que “Producimos
más de lo que leemos” parece describir, en pocas palabras, la realidad que
vivimos.
La discusión entre Camilo Ayala y los alumnos presentes arrojó datos interesantes,
por ejemplo, que la UNAM tiene en su historial más de 38 mil publicaciones, de
las cuales, existen 437 colecciones y 309 series universitarias. Se estima que
en México existen cerca de 15 millones de lectores potenciales.
Terminado el tiempo, no le restó más que despedirse. Seguramente no se imaginó que
recibiría, como muestra de nuestro agradecimiento, una ola de aplausos como
muestra de agradecimiento. Se le notó feliz, y a nosotros no nos quedó más que
despedirle como se merece: dejando la puerta abierta para que en algún momento,
uno de nosotros pueda colaborar con él en la producción de una obra literaria.