Un palacio invadido de libros. Ideas, pensamientos,
reflexiones e historias escritas en todas partes del mundo, habitando en un
mismo sitio. Casas editoriales llenas de productos literarios, algunos más
viejos que otros, pero con el mismo valor de quien se tomó horas y minutos de
intensa escritura.
Llegar a la entrada del Palacio de Minería y no saber
hacia dónde dirigir los pasos, es un problema común en quienes forman parte de
la XXXII Feria Internacional del Libro. Casas editoriales repletas de novelas,
cuentos, fabulas y ensayos que esperan ser descubiertos por otras miradas. Un
buffete lingüístico que resulta imposible poder terminarlo.
Grupo Santillana, Océano, Porrúa, Trillas, Ediciones
Era, Esfinge, Paidós, Selector, Patria, Punto de Lectura, Larousse… Todo lo que
nuestros ojos pueden imaginar conocer. Las ya clásicas historias del Quijote,
los valores ideológicas de Maquiavelo, la estructura social de Platón y su República,
constituyen uno de los grandes tesoros en el mundo de las letras.
Los precios, en algunas editoriales, se incrementan
por motivos de la alta afluencia de gente que visita la Feria. En otras, sucede
lo contrario. Porrúa, por ejemplo, vendía a precios accesibles su exitosa y
demandada colección de Sepan Cuantos. La gran cantidad de gente que se
pronuncia en el Palacio de Minería llega con las manos vacías y se va con
cientos de letras abrazadas a su cuerpo.
Es inevitable abrir un libro, e instantáneamente, oler, tocar y sentir,
en las primeras líneas, su contenido. La sensación de querer devorar páginas y
páginas, y conocer nuevas formas de pensamiento y filosofía del mundo,
enriquecen el ejercicio de alimentar el lenguaje, la vida, y la educación a
través de la escritura.
¿es una crónica?